Anna cuidaba rigurosamente a su padre enfermo. Cada día de su vida se levantaba, lo aseaba, atendía y se preocupaba sólo y exclusivamente por él. Dentro de su monotonía habitual no había lugar para quejas ni replanteos profundos de su existencia. Ella simplemente dejaba pasar cada atardecer sin siquiera levantar su mirada al cielo. Nada le producía curiosidad, alegría, entusiasmo y mucho menos felicidad. Y en este devenir continuo de lunas y soles desperdiciados un día su padre por fin murió. Pero Anna, lejos de sobreponerse y sin el menor atisbo de querer aferrarse a la vida que podría llegar a construir, pensó en suicidarse.

Como no tuvo el valor se sumió primero en una profunda depresión, que acompañó después con varios síntomas físicos como espasmos involuntarios, parálisis musculares, pérdida del apetito o mutismo. Y cuando tocó fondo simplemente dejó de beber líquido esperando un final similar al de su padre. Ningún diagnóstico médico podía explicar sus dolencias. Ninguna persona cercana podía entenderla. Hasta que un día la historia dio un giro inesperado.

Seguro todos conocen de alguna forma a Bertha Pappenheim,  – indentificada también como “Anna O.” – quien luego de una crisis de personalidad severa se constituyó en una figura célebre de la epoca victoriana al superar sus traumas y dar paso gracias a su caso clínico a la teoría de la cura del habla elaborada en conjunto por Joseph Breuer y Sigmund Freud. Bertha, luego de recuperarse,  se erigió como la primer mujer asistente social en Alemania, dirigió un orfanato y se convirtió en en una fuerte luchadora de los derechos de la mujer y los niños.

Es posible que se pregunten: ¿por qué esta historia que data del 1800 es tan relevante para un blog de marketing y negocios?
La respuesta es tan sencilla que muchas veces pasa desapercibida incluso en las mentes más brillantes. Nuestros pensamientos, vivencias y dolores nos atraviesan en todas las áreas de nuestra vida dando lugar a innumerables fracasos que sin darnos cuentas nosotros mismos nos propinamos. En una carrera universitaria abandonada, una profesión trunca, un emprendimiento frustrado, una historia de amor perdida o una salud débil, son más loa factores psicológicos los que influyeron para determinar estas circunstancias que  elementos externos lo que podrían haber jugado una mala pasada.

Los trastornos de ansiedad, fobias y las adicciones extremas al trabajo o la bebida han ido en aumento. Según la OMS, 3 de cada 10 personas en el mundo sufren algún grado de ataques de pánico, y la tasa de mayor crecimiento en trastornos de ansiedad corresponde a jóvenes entre 20 y 30 años. Debido a los problemas para conciliar el sueño o estres, en Argentina se duplicó en la última década el consumo de pastillas para dormir.  El Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos estableció que 5,5 millones de habitantes del país utilizan regularmente medicamentos de venta libre o bajo receta.

En la era digital donde todo parece resolverse con un clic,  nos falta comunicación, valores, convicciones y sueños por cumplir. Porque en definitiva,  lograr tener éxito no es más que poder jugar, disfrutar y crecer en cada paso de nuestras vidas, superando traumas, sorteando obstáculos y siempre con la mira fija en un bien común que nos movilice a continuar con ilusión y entusiasmo. La real importancia de la salud psíquica radica justamente en encontrar el balance perfecto entre nuestro interior, las relaciones humanas que vamos construyendo y la estabilidad económica que forjaremos como profesionales o empresarios que nos permita fortalecer nuestros talentos y habilidades y planear el tiempo libre.

Ahora bien, existen ciertos sesgos de personalidad y hábitos comunes que se presentan con mayor frecuencia e inciden directamente en el fracaso o logro de las metas propuestas tales como:

Cuando el cuerpo grita lo que las palabras callan

Abriendo paso al psicoanálisis más puro y a los tantos intentos de Freud por comprender la naturaleza psíquica intrínseca de cada ser humano se da lugar a la psicología como ciencia y a la “palabra” como su mayor instrumento de curación. ¿Por qué?

Precisamente porque al verbalizar y exteriorzar los miedos, culpas, situaciones dolorosas del pasado, frustraciones o engaños estamos liberando al cerebro de un conjunto de creencias equivocadas que nos impiden crecer . A su vez, al escucharnos relatar nuestra propia historia ponemos en perspectiva el relato y podemos tomar mejores decisiones. Pero lo más importante de expresar correctamente lo que se siente es la posibilidad de crear nuevas conexiones neuronales más sanas.

La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro de reeducarse y cambiar los enlaces sinápticos habituales por otros que debemos lograr que sean mejores y más placenteros si nuestra meta es lograr la tan escurridiza felicidad y éxito. El proceso es simple: si callamos, omitimos, olvidamos y miramos para otro lado en cada oportunidad que sentimos emociones negativas, nuestro cuerpo y mente se enferman para dar una señal de alarma. Es decir para avisar que algo no funciona bien. Si no sabemos leer los síntomas físicos o mentales corremos el riesgo de caer en trastornos o enfermedades más severas. Pero si lo tomamos como una señal para cambiar,  podremos superarnos.

Entonces si tu intención es ayudar a alguien a encontrar la felicidad, hazlo hablar. Por el contrario si lo que buscas es vaciarte del contenido nocivo que habita en tu psiquis,  habla tú. No hace falta sentarse en un diván y pagar sumas exorbitantes de terapia. Hablar con un amigo, pareja o padres de las pequeñas cosas de todos los días, los enojos contenidos, la injusticia de la oficina, las contradicciones que sentimos y todo tipo de experiencia vivida nos libera y cura. Desde Sócrates y su mayéutica, la palabra es un eje esencial en nuestra existencia. Sacarlas de nuestro interior es un desafío que sin dudas nos abrirá nuevas posibilidades y vivencias.

Cuando el ego excesivo se impone

El ego, entendido como la instancia psíquica donde nos reconocemos como seres humanos con virtudes y defectos, es necesario para desarrollar una personalidad sólida, con fuertes creencias y valores sin caer en las garras de la inseguridad ni la dependencia. Pero el obstáculo mayor se presenta cuando las ansias de reconocimiento son tan grandes que no dejamos lugar a emociones más positivas como la generosidad y la autorealización.

El ego negativo es aquella tendencia destructiva que guía a las personas a estar demasiado pendientes de la opinión que despiertan en los demás, y dejan que su esencia se pierda en la mediocridad del rebaño y la valoración ajena. En palabras de Abraham Maslow , psicólogo y padre de la psicología humanística:

“En última instancia, los músicos deben hacer música, los artistas deben pintar, los poetas deben escribir, si quieren estar en paz consigo mismo. Lo que los humanos pueden ser, es lo que deben ser. Deben ser auténticos con su propia naturaleza.”

Cuando no se tiene un propósito de vida

Cada vez que realizamos una acción – por minúscula que parezca – lo hacemos por una razón. Abrimos la heladera buscando algún alimento o porque simplemente estamos aburridos. Estudiamos porque pensamos que nos puede servir para el futuro. Emprendemos una idea porque queremos desarrollar un talento. Tenemos un horario preestablecido porque creemos que es el mejor para nuestra actividad diaria. Así como en esos pequeñas y a veces insignificantes actos encontramos la causa que nos lleva a realizarlos, la vida no es una excepción y los negocios mucho menos. A veces para encontrar el propósito se debe

Rebelarse si es necesario
Volver a empezar
Patear el tablero
Aprender a disfrutar
Emprender jugando

Porque a fin de cuentas el propósito que nos planteemos sera la tabla de salvación que nos preservará de tener una rutinaria vida sin mayores aspiraciones a convertirnos en auténticas personas que luchan por lograr realizarse en un objetivo de vida.

Cuando faltan las razones se caen los mejores argumentos.

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