En esta actualidad de valores en decadencia que transitamos, son muchos los gurúes, escritores o speakers que prometen dar con el presagio perfecto ante los puntos de inflexión que se suscitan tanto en el campo personal como profesional. Entendiendo que un punto de inflexión es aquel torcimiento obligatorio que se presenta en el camino al llegar a una encrucijada o bifurcación, en donde cada individuo debe optar en forma correcta o no por una elección que traerá futuras consecuencias.Es plausible deducir que la capacidad de elección no es una mera cualidad en desuso que se deposita en un tercero, sino que representa el único elemento posible que dispone el ser humano para reinventarse, crecer, mejorar y al fin de cuentas conquistar la esquiva felicidad y triunfo.

Los resultados que logran que una persona concrete el emprendimiento que desea, la vida social o profesional a la que aspira, e incluso el equilibrio entre todas estas facetas no dependen directamente de las elecciones más extremas, sino de aquellas que muchas veces en el trajín cotidiano se toman aleatoriamente movilizados por un estado de ánimo efímero y circunstancial. Son estos puntos de inflexión camuflados los que posibilitan la realización personal constante y creciente, permitiendo así que ante interrogantes contundentes como cambiar de profesión, trabajo, independizarse de jefes, construir una pareja o retomar aquella actividad olvidada sea más claro el camino a seguir.

En EnvialoSimple elaboramos una guía para determinar qué factores predisponen a que las personas elijan en contra de su propio beneficio.

1. Difusa escala de valores

Los valores son los principios e ideales que moldean el comportamiento humano y establecen pautas para toda elección y posterior acción y resultado. La integridad, generosidad, nobleza, templanza, bondad, entusiasmo o pasión constituyen aquellos valores que frente a un determinado hecho allanarán el camino para determinar qué elección es la más acertada en ese momento dado, teniendo en cuenta la mayor cantidad posible de variables y todas las personas involucradas.

Por el contrario, quien cae prisionero del poder, la adulación, el reconocimiento, el dinero o el egoísmo puede que consiga ciertos logros en planos materiales, pero al no poder conseguir un equilibrio en otras áreas de su vida producto de sus miserias, a largo plazo sus elecciones sólo generarán su propio sufrimiento o arrepentimiento.

2. Falta de convicción a la hora de sostener una idea

La seguridad plena y el empuje necesario para llevar adelante una idea es lo que normalmente se llama convicción. Esta convicción se va forjando en la personalidad de los seres humanos desde muy chicos, y va adquiriendo diferentes niveles conforme pasan los años y se reafirman los valores. Tener una convicción firme es la capacidad de saber sin vacilar que ante una elección se puede fracasar, pero sin embargo las creencias y la determinación permanecen inmutables buscando nuevas posibilidades de concreción.

3. Priorizar el miedo y la incertidumbre

Toda elección por más pequeña que sea es un “salto al vacío” ya que existe un momento de duda y temor por lo incierto del resultado, que muchas veces incita a permanecer encerrado en la zona de confort. Estas trampas de la mente no son más que el ancestral miedo a sufrir o a perder creyendo que se está jugando su carta más poderosa. En el caso de escuchar la voz del miedo, éste se hará tan fuerte que logrará acallar las ansias de superación.

El semiólogo Roland Barthes concluyó que “la historia es siempre y ante todo una elección y los límites de esa elección”, es decir la historia la crean los que se animan a tomar decisiones. Es por ello que para elegir con certeza, la capacidad de elección debe estar lo más despojada de miedos e inseguridades.

4. Traicionarse a uno mismo

La palabra traición suele verse aplicada en un sinfín de películas, canciones, citas y refranes, pero poco se observa que el término en realidad significa romper con un compromiso de lealtad para con uno mismo, la sociedad, la familia o los amigos. Tantas veces las personas se cuidan de no traicionar las normas pre establecidas, los códigos de pareja o los protocolos laborales y empresariales que se olvidan de la peor y más frecuente traición que es la que se produce hacia uno mismo.

Cada vez que uno se calla cuando en realidad quiere expresar muchas ideas, cada vez que por miedo o frustración no se intenta perseguir un deseo, cuando se aceptan injusticias o malos tratos o cuando se prefiere perder a seguir intentando. Resumiendo, cada vez que se toma una actitud pasiva frente a las circunstancias se está realizando una acto de traición a uno mismo. Una vez que estas simples acciones corroen la personalidad es muy difícil tomar decisiones y elecciones que vayan en favor de un bien mayor.

5. No ser consecuente en pensamiento y acción

Pensar y hacer son acciones tan diferentes como importantes. El doble discurso de muchas personas ocurre cuando en pensamiento creen ser altruistas, generosas y emprendedoras, pero que en la acción hacen lo opuesto a lo que dicen ser. Luego culpan a la realidad de su frustración y derrota. Para cambiar este punto tan relevante basta con comenzar a detenerse en los detalles más pequeños e intentar mancomunar pensamiento y posterior acción, e ir creciendo gradualmente.

6. Objetivos poco claros

Trazar objetivos concretos con escalas breves, intermedias y largoplacistas es el eslabón final para que una elección sea satisfactoria. El objetivo de emprender tu propio negocio, cambiar de trabajo, estudiar otra carrera, vivir en otro país, aprender una actividad o ser feliz formando una familia plena debe comenzar con la energía y pasión suficiente para llevarlo adelante pese a los obstáculos, pero siempre deben estar vigentes los objetivos que se encadenarán y determinarán el éxito de una idea.

7. Falta de conocimiento

El conocimiento exhaustivo, el análisis, la mirada critica y la reflexión conforman pilares fundamentales para tomar decisiones sabias y pertinentes. La otra cara de la moneda radica en los actos impulsivos desmedidamente o azarosos y evitatorios que promueven resultados inestables y dependientes.

8. Consultar demasiado con otras personas

Generalmente escuchar las opiniones que puedan potenciar una idea o solucionar un problema es una virtud y una característica saludable y auspiciosa. El inconveniente se suscita cuando consultar excesivamente en realidad oculta una personalidad insegura que pretende quitarse un peso de encima, para luego no hacerse cargo de los resultados. Este tipo de personalidad, al consultar delega en el otro la responsabilidad en caso de error, pero asume los beneficios cuando el resultado fue acertado.

En definitiva, mas allá de la vida personal de cada uno y las metas que se persigan, para elegir correctamente es necesario hacerse las preguntas correctas aún cuando no nos guste lo que vamos a oír y actuar en consecuencia. Nadie puede asegurar que será un recorrido fácil ni rápido, pero sí que merecerá la pena haberlo transitado.